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Babilonia la grande

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“y en su frente un nombre escrito, un misterio: BABILONIA LA GRANDE, LA MADRE DE LAS RAMERAS Y DE LAS ABOMINACIONES DE LA TIERRA” Apocalipsis 17.5.


En este capítulo, el apóstol Juan fue transportado en espíritu y vio “una mujer sentada en un bestia escarlata” y pudo leer sobre su frente un nombre: “Babilonia la grande”. Para comprender mejor este pasaje, volvamos primero a los orígenes de Babel. Babel significa mezcla.


La Biblia nos habla de esta ciudad, por la primera vez, en el libro de Génesis 10. Podemos ver en este pasaje que Nemrod (que significa rebelde) reinó sobre Babilonia. Fue el segundo constructor de un imperio después de Caín (Génesis 4.17), y el autor de la visión babilónica.


“Tenía entonces toda la tierra una sola lengua y unas mismas palabras. Y aconteció que cuando salieron de oriente, hallaron una llanura en la tierra de Sinar, y se establecieron allí. Y se dijeron unos a otros: Vamos, hagamos ladrillo y cozámoslo con fuego. Y les sirvió el ladrillo en lugar de piedra, y el asfalto en lugar de mezcla. Y dijeron: Vamos, edifiquémonos una ciudad y una torre, cuya cúspide llegue al cielo; y hagámonos un nombre, por si fuéremos esparcidos sobre la faz de toda la tierra. Y descendió Jehová para ver la ciudad y la torre que edificaban los hijos de los hombres. Y dijo Jehová: He aquí el pueblo es uno, y todos éstos tienen un solo lenguaje; y han comenzado la obra, y nada les hará desistir ahora de lo que han pensado hacer. Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero. Así los esparció Jehová desde allí sobre la faz de toda la tierra, y dejaron de edificar la ciudad. Por esto fue llamado el nombre de ella Babel, porque allí confundió Jehová el lenguaje de toda la tierra, y desde allí los esparció sobre la faz de toda la tierra.” Génesis 11.1-9.



Pero la visión babilónica no se paró por eso allí, todavía perdura en nuestros días bajo diferentes formas. En primer lugar en el pensamiento.


babylone la grande¿Por qué el nombre “Babilonia la grande” fue escrito sobre la frente?
La frente simboliza el pensamiento. Babilonia es ante todo una ideología, una manera de pensar. Según Génesis 11.9, comprendemos que todas las naciones de la tierra fueron afectadas por esta ideología.
“Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos” Deuteronomio 6.6-8.
Las manos representan la acción y “el frente”, el pensamiento. Pensamos y actuamos! No olvidemos que el primer plano de acción del enemigo comienza a través de los pensamientos. Si no realizamos eso, daremos acceso al enemigo en nuestras vidas y caeremos fácilmente en el pecado. El señor nos dejó por otra parte varias recomendaciones.
“Y amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas. Este es el principal mandamiento.” Marcos 12.30. Es escrito claramente “con toda tu mente (pensamiento)” y no una parte de tu mente (pensamiento)”.



De la santidad del corazón y del pensamiento dependen la pureza del cuerpo y las acciones.
“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” Filipenses 4.8.
Estamos desde nuestra edad más joven bajo la influencia del pensamiento babilónico erigido en un sistema, pero Babilonia es una fortaleza de la que debemos evadirnos. Si Dios no nos abre los ojos, no podemos saber que estamos en Babilonia. En Lucas 24.13-35, la Biblia nos muestra que dos discípulos de Jesús, cegados por la tristeza, habían perdido la visión alejándose de Jerusalén algunos días después de la crucifixión del Señor. No habían comprendido la obra de la cruz: para ellos, Jesús estaba en la tumba, habían dejado de mirarle, no tenían más esperanza.
Sin embargo, Jesús había anunciado su muerte y su resurrección durante su vida (Lucas 18.33). Así, yendo a Emaús, salían de la voluntad y de la presencia de Dios para ponerse de nuevo bajo la autoridad de Babilonia. No reconocieron al Señor que habían encontrado sobre el camino de Emaús. ¡Hubo que esperar el momento de la comida, cuando Cristo rompió el pan, para que la revelación les haya sido concedida!
"¡Hagámonos un nombre!" Decían los constructores de la torre de Babel.
El nombre está al principio de las denominaciones. Todos los títulos de los que se prevalen los hombres y todas las denominaciones son el producto de Babilonia. Usted jamás observó que regularmente entendíamos las mismas preguntas: ¿« Cuál es el nombre de tu pastor? ¿« De cuál iglesia eres tú ?... ¡Es Babilonia !
Todo eso favorece confusión, división, el ascenso del clero y la idolatría que va con. Durante este tiempo los niños de Dios “calientan los asientos”. Son solo espectadores del domingo, almas muertas.


Dios no volverá a buscar una religión (anotemos que jamás lo instauró), ni el papa, ni el pastor que cuenta a 3000 miembros en su asamblea, pero vendrá a buscar a su Esposa, la que llevará para siempre SU NOMBRE.
!Abremos los ojos! Todo es centrado sobre las denominaciones y no sobre el Grande nombre de Jesús, el nombre sobre todos los nombres! “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre” Filipenses 2.9.


Por Dios, hay solamente dos ciudades: Babilonia y la Nueva Jerusalén. Hay un camino que conduce a la ciudad de Babilonia. Este camino es ancho y espacioso. Hay un otro camino estrecho y apretada, que conduce a la vida (Mateo 7.13-14). Debemos cada día, ir por este camino estrecho.
“Y oí otra voz del cielo, que decía: Salid de ella, pueblo mío, para que no seáis partícipes de sus pecados, ni recibáis parte de sus plagas” Apocalipsis 18.4.


Somos llamados a ponernos de lado, a santificarnos. Salgamos de Babilonia que nos rodea y que nos infectó a pesar de nosotros desde el principio de nuestra peregrinación aquí bajo.
Debemos salir de Babilonia, abandonar el pecado. Eso implica el abandono de la idolatría, que no se resume únicamente en la adoración de estatuas o de imágenes, sino también de manera general al hecho de querer a alguien o algo más que a Dios. Pero el amor de los títulos y el afecto a toda forma de movimiento religioso constituyen una puerta de acceso por Babilonia, que asfixia el Espíritu de Dios. Así Jesús es encerrado en una caja y puesto aparte de la Iglesia que pretende adorarle.
! Que Dios nos ayude a todos!

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